Durante muchos años mi vida profesional estuvo ligada al marketing. Siempre me ha fascinado entender cómo piensan las marcas, cómo se construyen las campañas y cómo una buena estrategia puede cambiar por completo la percepción de un producto. Especialmente el influencer marketing fue un área que me atrapó desde el principio: la conexión entre personas reales y marcas tenía algo muy poderoso.
Pero, aunque disfrutaba muchísimo de la parte estratégica, había algo que siempre estaba ahí. Una inquietud creativa. Me encantaba crear contenido para mí, grabar, editar, pensar en planos, jugar con la luz, probar formatos nuevos. Era la parte que hacía sin obligación, por puro disfrute. Mientras trabajaba para otras marcas, yo también estaba construyendo mi propio universo creativo sin saber que eso tenía un nombre.
Y un día descubrí lo que era el UGC.
Recuerdo perfectamente ese momento. Fue como ponerle forma a algo que ya llevaba tiempo haciendo de manera intuitiva. Entender que podía unir lo que sabía de marketing con lo que me apasionaba crear fue un antes y un después. El UGC no era solo grabar vídeos bonitos: era crear contenido estratégico para marcas, desde un punto de vista creativo y real.
Ahí todo empezó a tener sentido.
Hasta entonces, sentía que tenía dos versiones de mí:
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- La profesional, enfocada en estrategia, campañas, marcas y resultados.
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- La creativa, que disfrutaba grabando y editando sin presión.
El UGC las unió.
Empecé poco a poco, sin grandes expectativas. Probando, equivocándome, aprendiendo. Al principio no era consciente de todo lo que implicaba: derechos de uso, estrategia, posicionamiento, tarifas… Pero cada proyecto me enseñaba algo nuevo. Cada colaboración me ayudaba a entender mejor mi valor.
Pasé de crear contenido para “ver qué pasa” a crear contenido con intención. Con propósito. Entendiendo que lo que hacía no era solo estético, sino una herramienta de comunicación para las marcas.
Lo que más me enganchó del UGC es que no te encasilla. No tienes que elegir entre ser creativa o estratégica. Puedes ser ambas. Y eso, para mí, fue liberador.
Con el tiempo llegaron las colaboraciones con marcas grandes, nacionales e internacionales. Y ahí confirmé algo importante: el UGC profesional no es improvisado. Es el resultado de:
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- Saber comunicar.
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- Entender al público.
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- Leer entre líneas un briefing.
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- Transformar una necesidad de marca en contenido real.
Hoy, después de trabajar con más de 250 marcas, puedo decir que el UGC no solo cambió mi forma de trabajar. Cambió mi forma de verme profesionalmente. Dejó de ser “me gusta crear contenido” para convertirse en “sé crear contenido que funciona”.
El UGC me permitió:
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- Tener libertad creativa.
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- Construir una marca personal sólida.
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- Trabajar con marcas increíbles.
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- Vivir de algo que realmente disfruto.
Y sobre todo, me permitió unir dos mundos que siempre habían convivido dentro de mí: la pasión por el marketing y la pasión por crear.
Si hoy me preguntan qué es el UGC para mí, la respuesta es clara: es el punto exacto donde la estrategia se convierte en creatividad, y la creatividad en impacto real para las marcas.
Si quieres saber más sobre mí vida como creadora de contenido UGC en España te dejo mis redes sociales:
– TikTok
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